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domingo, 18 de septiembre de 2016

"EL NARANJO" (26º parte) de Adriana Gutiérrez





Si tuviera que vivir todo eso otra vez, desearía que
fuera exactamente igual en todos sus detalles, Bruno
con la cámara corriendo de aquí para allá, Liza
dando el último toque a nuestros vestidos y peinados,
las niñas revoloteando entre nosotras haciendo mil
preguntas que nadie contestaba y nosotras tres,
emocionadas y felices hasta el colmo de la dicha, los
muchachos dando 20 vueltas a la casa tratando de
ver a alguna de nosotras, que nos escondíamos
divertidas por sus reclamos, y hasta Mammy y
Margarita, que habían dejado sus delantales para
asistir a la triple boda.
Sí... me gustaría que todo sucediera como 
realmente sucedió...

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"Bien -dijo don Bruno, con la voz ronca por la emoción- el gran momento ha llegado, ya filmé a los chicos paseando como fieras enjauladas, así que solo resta que salgan las novias.
¿Recuerdan todo? -preguntó mirándonos: Jimena abre la marcha
seguida de Manuela a dos metros, luego Liza, Gabi, Val y Maruja, todas a la misma distancia, yo estaré junto a los pensamientos para filmarlas, vayan despacio, denme tiempo de llegar primero a la pérgola para captar su arribo; bueno, dentro de un minuto pueden empezar a salir".
Diciendo ésto se fue y todas miramos el reloj, Liza abrió la puerta, puso a Jimena delante y dos metros detrás a Manuela, colocándose ella misma en la fila, nos hubicamos las tres y Liza dijo: 
"empieza a caminar, Jimena, Manuela, no te apures, ¡eso es! despacio, miren hacia la cámara cuando pasemos junto a papá
¿cómo van, chicas? sonrían, oigo la máquina de Bruno, Manuela,
levanta tu canastita, sigue derecho y despacio, Jimena mira a papá
y no te detengas! eso es" -dijo sonriendo a Bruno.
Pasamos las seis y don Bruno corrió a nuestro lado, diciendo:
"chicas, aflojen el cuerpo, caminen con soltura"
Siguió corriendo y pronto desapareció de nuestra vista, Liza dijo:
"niñas, no olviden esperar a Gabi a la entrada del rosedal, Jimena, cambia ahora tu canasta de brazo, debes dar a Gabi la mano derecha y tú, Manuela, la izquierda, pero no te apures".
Cuando acabó de hablar nos faltaban unos 10 metros para llegar al rosedal, los hicimos en silencio, las niñas se abrieron para colocarse una a cada lado, les di las manos pues yo llevaba mis flores en la cintura, Liza se colocó entre Val y Maruja que llevaban rosas en sus brazos y así aparecimos a la vista de todos.

sábado, 17 de septiembre de 2016

"EL NARANJO" (25º parte) de Adriana Gutiérrez





En el living encontramos a Bruno que estaba impaciente esperando "¡ya era hora -dijo- de que apareciera alguna novia!
Los muchachos están nerviosos, tus hermanos, Gabi, han estado tratando de espiar en los dormitorios de las chicas ¡menos mal que Simón no tuvo esa ocurrencia!" Liza y yo nos echamos a reír y Bruno dijo: "¡con que la tuvo, eh, por eso madrugaron y se vistieron temprano! Ven, Gabi, retrocede y camina despacio, te filmaré, quería hacerlo afuera pero es imposible debido a los muchachos, ahora, eso es, mira la ventana para que tu rostro salga luminoso, Liza, enciende aquella lámpara, gracias; Gabi, muévete hacia ella, párate un momento junto a la chimenea y toca algo ¡muy bien! ahora siéntate en ese sillón, Liza, únete a ella ¡bien! -dijo, cortando la filmación- ¡Margarita, trae a las niñas!"
Aparecieron éstas con cara de estar deseando un poco de acción, cuando me vieron prorrumpieron en exclamaciones de gozo.
"Niñas -dijo don Bruno- quiero que ambas, de la mano de Gabi, salgan de detrás del cantero, con cuidado bajarán los escalones y, rodeando la mesa ratona se sentarán en el sofá, cada una a un lado de ella ¿entendieron bien?"
"¡Sí, papá" -dijeron, y fuimos detrás del cantero.
A través de las flores rosadas don Bruno comenzó a filmar y fue girando la cámara lentamente a medida que nosotras avanzábamos pasando junto a él, en ese momento apuntó a mi cara, dimos vuelta a la mesita y llegamos al sofá, nos sentamos muy juntas y como no cortaba, abracé a las pequeñas que me besaron.
Cortó justo cuando apareció Maruja, con sus ojos grises más expresivos que nunca, tratando de reprimir sus emociones, nos quedamos mirando, las dos sabíamos lo que estábamos pensando, corrí a su encuentro y nos abrazamos apretadamente; nos volvimos, don Bruno estaba filmando la escena y de pronto gira la cámara hacia la izquierda, allí estaba parada Val, hermosa y delicada "¡vayan hacia ella! -dino don Bruno- separense para no cubrirla", llegamos a su lado, la tomamos de las manos como antes hicieron las gemelas conmigo y avanzamos hacia don Bruno que retrocedía, nos fuimos juntando cada vez más y al bajar los escalones estábamos abrazadas por la cintura; lentamente, alcanzamos a Liza y a las gemelas para formar con ellas, según don Bruno, el más blanco y hermoso ramo viviente.





viernes, 16 de septiembre de 2016

"EL NARANJO" (24º parte) de Adriana Gutiérrez





Con toda seguridad que Liza sabía muy bien cuanta falta me harían sus palabras en el futuro, y este tiempo que vendría me hizo comprender a mi cómo conocía ella a su hijo y cuánto deseaba que fuéramos felices, gracias a haberla escuchado me ahorré muchas penas y sinsabores, cuando Simón llegaba del campo cansado y sin deseos de hablar, quedándose por horas sentado con la vista fija en ninguna parte, recordaba los deseo de Liza y no dejaba que se apoderara de mi la tristeza, nunca, en esos momentos, llegué a pensar que Simón no me amaba, y eso, como tantas cosas buenas, se lo debo a ella.

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Cuando Liza me dejó sola para que vistiera mi traje de novia, estaba mi ánimo tan lleno de agradecimiento hacia esa maravillosa mujer, que mis movimientos eran lentos a causa de la emoción, sobreponiéndome a ella me quité el vaquero, la camisa y me descalcé, junto a la cama estaban las sandalias con florcitas, sobre ésta, prolijamente extendido, el sencillo vestido de encajes, me calcé, y pareciéndome que era la protagonista de un sueño, levanté el traje sobre mi cabeza deslizándolo hacia abajo, su caricia fresca se ajustó a mi cuerpo, deseando verme caminé hasta el espejo del corredor, a medida que me acercaba iba más despacio y cuando aparecí ante mis propios ojos nombré a Simón, tan deslumbrada estaba en mi propia contemplación que no vi a Liza que se aproximaba "¡Gabi, mira si aparece Simón!" -dijo, arrastrándome de nuevo a mi habitación; ella no sabía cuán acertada estaba, pues Simón venía detrás de ella y oyendo sus palabras se apuró para verme, yo corrí al baño y Liza quedó en la puerta con los brazos abiertos, Simón dijo:
"Gabi está ahí ¿eh? vamos mamá, déjame entrar".
Al oír ésto me paré sobre la bañera y corrí la cortina que la cubre, el siguiente paso sería saltar por la ventana, solo que el baño no la tenía, Liza dijo:
"¡Vete, Simón, espera afuera con los demás!"
"Pero mamá -dijo él- rompamos la tradición, quiero verla ¿comprendes? eres mi madre ¿no?"
"Para ser tu madre -dijo ella- antes tuve que ser mujer y casarme, por eso te digo que no pasarás, vete y espera donde convinimos, no quiero verte espiando por los corredores".
"Está bien -dijo Simón- me la pagarán las dos", escuché los pasos de ambos dirigirse al dormitorio y los de Liza regresando, salí y nos echamos a reír, luego me senté en una butaca frente a la cómoda para que ella me pusiera los azahares en el pelo, eran de "nuestro naranjo", recién cortadas por sus manos; cuando la última florecilla estuvo prendida me hizo dar la vuelta, en su expresión pude ver que estaba complacida del trabajo realizado y entonces, a las 11,30 hrs. exactamente, salimos al corredor.



jueves, 15 de septiembre de 2016

"EL NARANJO" (23º parte) de Adriana Gutiérrez





Me paro y voy hasta la ventana, asomándome sobre el balcón, hacia la izquierda, puedo ver exactamente el lugar donde Simón y yo quedamos sentados después de que sus padres entraron a la casa, recuerdo que puse allí una planta de violetas para marcar el lugar, cuyas flores adornan desde entonces mi mesa de noche;




Simón me levantó de la mano y me llevó a la hamaca, diciendo:
"esta noche no estaremos aquí, así que tengamos nuestra "charla" ahora ¿quieres? Nos sentamos y tuvimos uno de los momentos más dulces de nuestra vida, estábamos a menos de dos horas de dar un paso importante, y nuestros espíritus se hallaban conmovidos por tal acontecimiento, eso hacía que todas nuestras palabras y gestos se refirieran siempre al mismo tema: nosotros mismos.
Tan absortos estábamos que el tiempo pasó y seguíamos allí, ajenos a todo lo que no fuera nuestro amor.
Vuelvo al interior del dormitorio regocijándome en el pensamiento de que el presente es igual que entonces; me recuesto, cierro los ojos y oigo a Simón que entra...

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Como se aproximaba el momento de cambiarnos y no volvíamos, Liza mandó por nosotros a Margarita.
"Chicos -dijo Liza- si no se apuran ésto se convertirá en un tradicional casamiento lleno de esperas y nervios; Bruno tenía pensado filmar algo en los minutos previos para no perder el sol frente a la casa; "Gabi -me dijo cuando Simón se había ido a su dormitorio- vistamos entre las dos a las niñas, así mientras Margarita cuida que no estropeen sus vestidos, nos cambiamos nosotras", fuimos al dormitorio de las gemelas y comenzamos a ponerles unos primorosos trajes blancos, idénticos, le pedí a Liza que les dejara el cabello suelto y accedió cuando las niñas prometieron no correr para no despeinarse, luego llegó Margarita, ya cambiada y sin uniforme para llevarse a Manuela y Jimena, y cuando las tres salieron Liza me habló así:
"Gabi querida, ven, sentémonos, quiero que sepas que Bruno y yo nos sentimos muy felices este día, en estas cuatro semanas que llevas viviendo con nosotros hemos aprendido a quererte, nos parece que te conocimos siempre y es una suerte, una bendición del cielo que te cases con nuestro hijo, a él, a Simón, no lo entenderás siempre, con el tiempo verás que es alegre a veces y melancólico otras, no todos los días volverá igual del campo, pero si tú tienes con él un poco de paciencia, comprenderás que los inconvenientes en su trabajo son la causa de su mal humor, cuando eso suceda, déjalo, no le preguntes nada, solo quédate junto a él, Gabi, siempre junto a Simón, muchas veces necesitará pensar en silencio, tú no le hables ni desesperes porque no será por tí ¿entiendes, hija?"

miércoles, 14 de septiembre de 2016

"EL NARANJO" (22º parte) de Adriana Gutiérrez




Al rato volvimos a la casa y fuimos directamente al dormitorio de las gemelas, pronto despertarían y siempre las levantaba yo, entramos y vimos que Manuela no estaba en la cama, oímos correr agua en el baño y supusimos que estaría allí, me asomé preguntando: "¿Eres tú, Manuela?"
"¡Ven Gabi, no puedo sacarme el jabón de la cabeza!"
La pequeña se había despertado más temprano y como no respondí a su llamado se metió en la ducha tratando de hacer lo mismo que yo todas las mañanas, con el resultado de quedar convertida en una gran burbuja, llamé a Simón para que me ayudara y juntos enjuagamos el cabello de la pequeña, me di cuenta de que Simón miraba de manera distinta a su hermana, con paciencia dejó que ella lo mojara y no protestó cuando tuvo que sostenerla para que yo la envolviera en la tohalla, él mismo la llevó a su cama y la secó, jugando un rato con ella. Jimena despertó con nuestras risas y en el acto exigió para ella el mismo tratamiento, Simón la llevó a la ducha haciendo que la pequeña se sintiera en la gloria, yo quedé vistiendo a Manuela y en eso entró Liza, quien tenía en su rostro latiendo una pregunta, se asomó al baño y cuando vio lo que allí ocurría se volvió mirándome con los ojos agrandados por el asombro "¡Simón está bañando a su hermana!" -me dijo, en eso él me llamó para que envuelva a Jimena con la tohalla y cuando terminé de vestirlas y Simón se las llevó, ámbas trepadas en sus hombros, me preguntó "¿Quieres por favor, explicarme el motivo de este cambio de Simón con sus hermanas? desde que empezó a considerarse hombre no jugaba con ellas ¿tú sabes algo?"
Le conté nuestra conversación de esa mañana, Liza dijo: "tenías
que ser tú quien lo cambiara... gracias, Gabi, ésto es un hermoso regalo para mí y para Bruno, Simón no podía encontrar a nadie que mereciera más que tú, compartir su naranjo".
Nos dirigimos a dar el desayuno a las gemelas y vimos a una desconcertada Mammy que no daba crédito a sus ojos, es que éstas correteaban por el parque persiguiendo a Simón que, de tanto en tanto, permitía que lo alcanzaran y juntos rodaban por el suelo; Liza terminó de hervir la leche y llamó a las niñas, pero ellas no iban a dejar libre a su hermano tan pronto, ahora que lo habían cazado, y él no parecía tener apuro por librarse, en eso Liza me hace señas en dirección a la entrada y veo que entra la rural de don Bruno, que se apea, como era de esperarse, con una expresión de total incredulidad, pero al instante dejó en el suelo un bulto que traía y colaboró son sus hijas en la caza de Simón, Liza lo imitó olvidando el desayuno por completo y pronto todos estábamos corriendo por el parque, solo Mammy se abstuvo del ejercicio pero no por eso dejó de divertirse, parada en la esquina de la casa, mirando como nos sentábamos en el suelo a descansar.
Bruno miraba interrogante a Liza y complacido a su hijo, Mammy llamó a las niñas y cuando éstas se habían ido, don Bruno preguntó: "bueno ¿quién me lo va a decir?"
"Sucede -dijo Simón- que Gabi estuvo contándome cosas de su infancia en el hogar, donde no hay padres, solo hermanos de crianza, y si ella puede quererlos y disfrutarlos así, no veo razón para que yo no haga lo mismo con las mías, además, es divertido.
Liza miró  Bruno, éste se volvió a mi y dijo: "¿sabes lo que has hecho, Gabi? me has regalado uno de los momentos más felices de mi vida, algo que esperaba desde hacía tiempo; tienes suerte"
-agregó mirando a Simón, y después él y Liza entraron a la casa de la mano.

lunes, 12 de septiembre de 2016

"EL NARANJO" (20º parte) de Adriana Gutiérrez





- Nuestras Bodas -

¿Por qué ese día desperté creyendo estar en el hogar, si ya hacía un mes que abría los ojos en la estancia?
¿Por qué sentí nostalgia y un poco de tristeza?
Yo creo que pensé en Diego, ahora sí que estaría solo, en cierto modo yo era lo único que le quedaba y, al casarme también, lo convertía en el hermano soltero, el futuro tío solitario que vendría los domingos con los brazos cargados de golosinas y los ojos llenos de esperanza.
Miré mi pequeño relojito y vi que era muy temprano, todavía faltaba como una hora para que fuera completamente de día, en realidad estaba bastante oscuro, di unas vueltas en la cama y cuando no pude más, decidí levantarme.
Antes de salir de mi habitación descorrí las cortinas de la ventana, abriéndola, y vi que la luna todavía se hallaría al alcance de la vista unos minutos más; cerré los vidrios dejando las persianas abiertas para cuando saliera el sol y me fui a la cocina, al abrir la puerta quedé sorprendida de ver la luz encendida y sobre la hornalla la gran cafetera de la que se desprendía un delicioso aroma. "Quien sea que la puso ya volverá
-pensé- seguramente es Mammy que tampoco puede dormir más".
En eso llegó hasta mis oídos una carcajada divertida que identifiqué en el acto como de la señora Liza, salí de la cocina y ya antes de ver lo que ocurría me estaba riendo por lo bajo contagiada de la risa de mi futura madre política, doblé la esquina de la casa y me encontré con un espectáculo que hizo que durante todo el día no pudiera mirar a don Bruno sin tentarme de nuevo: estaba éste sentado en el césped con un enorme tarro de leche junto a él y blanco de la cintura para abajo, también se estaba riendo ahora y eso impedía que pudiera levantarse, con la señora Liza lo ayudamos a hacerlo una de cada mano y se dirigió al lavadero para cambiarse, allí siempre hay una muda de él y Simón, así no tienen que entrar sucios en la casa. Cuando entró en la cocina la señora Liza y yo nos habíamos servido café negro y estábamos conversando, ella se levantó y le dio una taza, los tres juntos tomamos el café caliente y don Bruno salió para el campo, "vendré a las 9 "-dijo. La señora Liza fue a arreglar su alcoba, ella nunca permitió que otra lo hiciera, y yo me fui a realizar mi ocupación habitual: limpiar el comedor.
Era éste, para mí, el trabajo más lindo de la casa, pues sus muebles coloniales, de pulidas superficies y torneadas patas, dejaban correr la gamuza suavemente, la mesa era redonda, con un solo y grueso pie, las ocho sillas, pesadas y de altos respaldos, se componía también de un aparador de puertas talladas donde se guardaba todas las piezas de loza, estaba ubicado en el centro de una pared y a ámbos lados tenía dos esquineros con gran cantidad de pequeños objetos de bronce, todos camperos, en la pared opuesta estaba el cantero, y en la que quedaba en medio, frente a uno de los ventanales, había tres vitrinas de vidrio y armazón de bronce, repletas de cristalería blanca en su mayoría, pero había también algunas de otros colores.






domingo, 11 de septiembre de 2016

"EL NARANJO" (19º parte) de Adriana Gutiérrez




Recuerdo que una tarde, dos meses después de mi boda con Simón, descubrí que Jimena tenía un lunar detrás de una oreja, mientras que Manuela, en cambio, lo tenía en el hombreo, ámbas del mismo lado, y cómo se reía Liza cuando me veía buscando los lunares! en ese momento están las dos sentadas en una de las camas, se paran al verme y Manuela pregunta: "Gabi ¿no te parece que el aire está como cuando te casaste tú?"
"Sí, querida -le contesto- tiene el mismo olor y hay en el ambiente, flotando, la misma paz que aquella noche".
Jimena dice: "Gabi, me siento tan feliz, estamos todos juntos: mamá, papá, Simón y tú, nosotras dos con Leonardo y Damián, tus hermanos y todos los niños que han nacido en estos 10 años... no creo que haya personas más felices que nosotros!"
Como todas las noches, me quedo con ellas hasta que se acuestan, hablamos y hacemos proyectos, les digo que pronto serán tías otra vez y me despido besándolas. "Hasta mañana, duerman y no charlen tanto, de lo contrario se levantarán cansadas y no lucirán hermosas".
Salgo, Liza está en su habitación esperándome, le cuento mi conversación con las gemelas y me dice: "el naranjo está cargado de azahares, y ellas, igual que tú, llevarán sus flores en el cabello; se lo pidieron a Simón".
"Qué dulces son -le digo- me cuesta verlas hechas mujer y pensar que mañana se casarán".
En ese momento entran Bruno y Simón que vienen del pueblo, Bruno dice: "Damián y Leonardo nos esperarán en casa de Damián con sus padres, está más cerca del Registro Civil, después todos vendremos aquí".
"A mí también me parecerá extraño no verlas -dice Simón- pero las visitaremos todas las semanas y ellas también vendrán, como hacíamos con Diego antes de que volviera; los besamos, fuimos a ver a nuestros hijos y junto a la cuna del más pequeño le dije: "ya sabes que habrá otro ¿verdad?"