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domingo, 14 de agosto de 2016

"EL DIBUJO" (14º parte) de Adriana Gutiérrez






Parado frente a su casa, Adolfo mira confundido la puerta
¿Qué pasa ahora que la llave no anda?
Deja la bolsa de las compras en el suelo y trata de
nuevo de hacerla girar, luego de un rato prueba
el picaporte y la puerta se abre dócilmente, chocho, Adolfo
entra, empuja la puerta con el pie y va a la cocina
a dejar las compras.
Se acuerda que no cerró con llave y vuelve, cuando
su mano llega hasta la cerradura se da cuenta de
que las llaves están del lado de afuera, las saca, se
las pone en el bolsillo y, sin cerrar la puerta, muy
satisfecha su expresión, se dispone a escribir.

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Miguel está en su trabajo cuando recibe una llamada del
detective: "encontramos a Marita -dice- la prima de ella, Nina, accedió a revelarnos el escondite, pero nos advirtió que le telefonearía que nosotros la buscábamos; está en un monasterio bastante cerca de aquí, a hora y media ¿quiere que lo pase a buscar?"
"Salgo dentro de 20 minutos -dice Miguel- si usted puede

esperar, sinó yo lo sigo en mi coche".
"Lo espero abajo -dice el detective- ¿avisamos a su esposa?"
"¡Por favor! -dice Miguel- seguramente querrá verla".
"¡Perfecto, hasta luego!" -dice el detective.
"¡Hasta luego... ah, hola, espere!, vi al gordito hace un rato, hacía meses que no venía, trajo un manuscrito (no sé si le dije que era escritor), bueno me hizo las mismas preguntas de siempre y
yo hice lo que usted me dijo; y sí, se puso pálido y se fue de
vuelta con el manuscrito!, pero aquí en la editorial tiene fama
de despistado; ¿qué?, no, no ví el paquete, voy a ver si consigo averiguarlo".
Y Miguel fue a preguntar al empleado que recibe los libros pero éste no alcanzó a verlo, ni siquiera el título; también se enteró que tiene teléfono y muchas veces lo llaman para pedirle su aprobación final, pero nunca por otra cosa; sus trabajos son impecables y no hace falta consultarlo para nada.
"Entonces pensó Miguel- es inútil que lo llamen para pedirle
el manuscrito, podría ser peor".
Cuando ya en el auto policial comentó ésto con el detective y Clara, los dos estuvieron de acuerdo en que hubiera sido contraproducente; "tal vez solo se haya sentido confundido -dijo el detective- o tal vez se haya avivado, no contribuyamos a esto último".


viernes, 12 de agosto de 2016

NOTA




HOLA, ME DISCULPO POR NO SUBIR EN
EL DÍA DE HOY LA 13º PARTE DE
"EL DIBUJO", UNA SITUACIÓN
PERSONAL HIZO IMPOSIBLE CUMPLIR
CON USTEDES.
GRACIAS POR ENTENDER.
A.G.
12 de Agosto de 2016

jueves, 11 de agosto de 2016

"EL DIBUJO" (12º parte) de Adriana Gutiérrez





La vieja Marta, jubilada desde hace años, se levanta despacito y camina hasta un mueble antiguo, de puertas corredizas, en el centro del mismo, dos estantes repletos de carpetas iguales podrían contar su vida entera, y mientras ella busca entre las últimas, sacando y poniendo, Clara mira su espalda encorvada, como tantas veces la viera desde su tercer banco; dulces recuerdos la invaden y oleadas cálidas de emoción le mojan la cara. "Pobre maestrita de provincia -piensa- ¿dónde y cuándo murieron las ilusiones que la subieron al tren? ¿En qué momento habrá enterrado la más hermosa, ser madre? ¿Cómo he sido capaz de abandonarla? No volverá a estar sola, desde ahora será la tía Marta".
La carpeta aparece al fin y la maestra se vuelve triunfante con ella en alto: "¡Acá está! Miren: Marita, 17 de Noviembre, ya me había olvidado de ese recorte, es que eludo las cosas triste
¿saben? ,después no me puedo dormir. Y, alargando el pedazo de papel, agrega: es muy elocuente".
Era un dibujo de José, María y el niño, sobre la cabeza de José decía Miguel y sobre la de María, Marita; el niño lucía anteojos de miope y le habían dibujado unas cejas que hacían maligna su mirada, se notaba, además, que la aureola del pequeño había sido prolijamente borrada con lavandina.
Se pasan el dibujo unos a otros, todos coinciden en que una niña capaz de descubrir la personalidad oculta de alguien no puede estar tan loca, a no ser que se considere locura  a la genialidad.
"Nuestro psicólogo se va a relamer de gozo -dijo el detective- ahora debo irme; señora, le quedo sumamente agradecido ¿vienen conmigo? -pregunta a los otros".
Dejan a doña Marta parada al frente de su pequeña y adorable casa, agitando la mano en una despedida que se repetiría muchas veces, y pensando regocijada en las últimas palabras de Clara: "en casa de mamá hay un laurel rojo que ha dado varios retoños, uno de los cuales ya está grandecito y necesita espacio ¡quedaría perfecto junto a esa ventana! ¿Me permitirá que se lo regale?
Además, me gustaría mucho que lo plantáramos juntas. ¿Qué dice, señorita Marta?"
La vieja maestra mira muy hondo a Clara, pensando que ésta habla por impulso de la emoción, y que como tantas veces le ocurriera, sus alumnos le hacen acariciar sueños que luego
la ausencia destroza, entonces le acaricia la cara y le dice:
"solo si me prometes venir a verlo crecer..."


miércoles, 10 de agosto de 2016

"EL DIBUJO" (9º parte) de Adriana Gutiérrez



"¡A la flauta! -exclama el detective- ¿Ha creado personajes de los que mandan anónimos?"
"¡Claro que no ! Sus personajes son normales, tienen sus conflictos, claro, pero de ahí a que sea un paranoico... ha matado a algunos, sí, pero le aseguro que merecían morir... ¡no me mire así!, quiero decir que eran asesinos normales, no locos. Puedo conseguirle algunas copias" -dice Miguel, jadeando.
"No tendría tiempo -contestó el detective- pero tal vez nuestro psicólogo, si. ¿Le pregunta por su familia?"
"Pues... sí, claro, ya le dije que es muy atento".
"¿Está casado?" -pregunta el detective.
"Lo ignoro, nunca habla de él, solo al pasar hace las preguntas
de cortesía" -contesta Miguel.
"¿Y usted siempre se muestra muy feliz?"
"Bueno... soy feliz" -dice Miguel.
"¿Qué otra clase de datos le ha sacado?"
Miguel dice: "¡Oiga, espere!"
El detective sigue sin piedad: "¿Le ha preguntado a qué hora regresa, si tiene una empleada en la casa, ha tratado de averiguar la rutina de su esposa?"
"¡No!" -dice Miguel muy serio.
"Claro -dice el detective- porque él solo puede averiguarlo, pero quería saber que tan cuidadoso es el tipo".
"¿Qué tipo? -protesta Miguel- ¡Era un chico de 12 años! ¡Además, amenazó con matarse él mismo, no a Clara!"
"Me refiero al tipo psicológico -dijo el detective con paciencia- y no importa la edad cuando se odia; él no necesita conocer a su esposa, solo saber que es a ella a quien usted quiere, si usted tuviera una amante y la quisiera a ella, es quien habría recibido los anónimos. En cuanto a la amenaza fue bien explícita, se la traduciré: si Marita muere "por tu culpa", yo voy a matar a Clara, ojo por ojo y diente por diente. ¿Ha comprendido?
¿Cómo era el apellido de Marita?"
"Se llamaba María Estela Ávila -dino Clara, interviniendo por primera vez- creo que yo puedo averiguar su destino y si vive, también una prima de ella iba a esa escuela, a tercer grado,  dos o tres veces le pregunté por Marita pero no sabía nada, era muy chica. El apellido el es mismo".
"Con eso ya tengo para trabajar -dijo el detective- quiero que me hagan un favor, sé que están cansados, pero váyanse a casa, escriban el resto y luego me lo hacen llegar que yo lo leeré a la noche. No se les ocurra intentar algo por su cuenta, el "gordito" podría ser su viudo, si se da cuenta que sospechamos de él me atarían las manos, porque es obvio que una de sus personalidades es muy inteligente y le estarían dando un valiosísimo dato, buenas noches".

domingo, 7 de agosto de 2016

"EL DIBUJO" (8º parte) de Adriana Gutiérrez





El detective se vuelve hacia Miguel, diciendo: "posee usted una mente clara y selectiva", y, para sus adentros: "éste, si decidiera matar a alguien, cometería el crímen perfecto ¡que-lo-parió!
Pero con su mujer en casa de sus padres, él trabajando y nosotros sabiendo, está completamente anulado, no podría evitar pensar en ésto y yo lo notaría". En voz alta, preguntó: "¿en qué trabaja usted, Miguel?"
"En una editorial -contesta Miguel- tomo y selecciono al personal en los diferentes departamentos..."
"...¿Sus decisiones son respetadas?"
"Sí, claro; pero como éste no es un trabajo continuo también me encargo de otras cosas, por ejemplo, es mi responsabilidad revisar cada nuevo trabajo que entra para edición, la casa tiene una línea de conducta que hay que seguir a rajatabla, y yo debo cuidar que de sus talleres no salga nada contrario a la ideología de los editores".
"¿En todos los campos?" -pregunta el detective.
"Así es: política, religión, ciencia, educación, etc., etc.; tenemos la lista más grande de escritores prohibidos".
"¡Pero eso es estúpido!" -dice el detective.
"Me he cansado de decirlo -dice Miguel- el autor es responsablede su obra, no nosotros, pero para esta gente publicar algo que no leerían sería convertirse en cómplices. Puedo decirle que los mejores libros que he leído son los que he tenido que rechazar"
"¿Los escritores lo saben?" -pregunta el detective.
"Ah... ¡claro! Sí, por supuesto que lo saben y siempre me acercan sus nuevos trabajos porque saben que me gustan; el asesino no está entre ellos".
El detective pregunta "¿Qué le parece si volvemos a su infancia?"
"¿Entonces la flaca queda descartada?"
"Queda descartada, ¿quién sigue?"
Miguel pregunta: "¿Puedo contar hechos aunque no recuerde los nombres?, es que pasan tantos chicos por una escuela".
"Claro" -dijo el detective.
"Hubo un suceso muy triste en el último grado de la primaria, siempre en la misma escuela; había una piba, Marita, que tenía metejón conmigo, yo desde cuarto andaba "de novio" con Clara y a Marita la quería mucho un gordito que realmente me odiaba.
Un día Marita no volvió más a la escuela y la maestra dijo que estaba tan enferma que sus padres la habían llevado a EE.UU. a operarla. En el recreo el gordito me agredió en medio del patio y delante de todos, me dijo que si Marita se moría él iba a hacer lo mismo. Los demás chicos se reían porque lo dijo como si fuera una amenaza, y le contestaron que se podía morir nomás; pobre, nadie lo quería. Pero eso también fue cosa de chicos; de ella no supimos nunca nada, la familia no volvió. A él lo veo a veces y por supuesto no lo anima ningún odio hacia mí...¡sí, sí, seré objetivo! Es cuentista, uno de los mejores, de su vida privana no se nada; amable, correcto, reconcentrado y despistado a más no poder. Cuando termina un cuento va y lo lleva...
"...¿Qué tipo de literatura hace?" -interrumpe el detective.
... a la editorial, perdón, la mayoría son experiencias paranormales".



viernes, 5 de agosto de 2016

"EL DIBUJO" (6º parte) de Adriana Gutiérrez





Adolfo se quitó los lentes, se restregó los ojos y se estiró
en la silla.
Sintió hambre así que fue a la cocina y abrió la
heladera, sacó unas milanesas, puso a hervir una papa
y se dio una ducha.
De regreso en la cocina comprobó que la papa ya estaba
cocida, frió dos milanesas, hizo un puré y se dispuso a comer.
Con fastidio notó que otra vez había olvidado la sal y se
levantço a buscarla, de paso colocó la cafetera sobre la
hornalla y volvió a la mesa, está comiendo y ve que no
encendió la cocina, se para de nuevo y lo hace.
Al fin termina de comer, lava todo y va con el café al
escritorio pero ni bien lo prueba se da cuenta que está
amargo, muy tranquilo busca el azucar, deja la azucarera junto
a la taza y, mientras relee lo que ha escrito, se toma
el café sin endulzar.

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Cuando Miguel entra en la oficina, de una ojeada se da cuenta del estado anímico de su familia: las dos mujeres angustiads, su suegro deprimido y Adrián tratando de darle ánimos con la mirada. A un ademán del detective, Miguel toma asiento, todos evitan mirarlo y él clava sus ojos en las manos del taquígrafo.
"Van a tener que contarme sus vidas enteras. dice el detective- quiero saber de todas y cada una de las personas que conocieron desde que tuvieron uso de razón, qué tipo de relación los unía, quiero que sean objetivos y me digan si alguno de ellos tenía (o tiene), problemas de caracter social: imposibilidad para relacionarse, rechazo de la gente hacia esa persona o viceversa; alguien que haya sido sospechoso de un delito, del caracter que sea, y no importa si era inocente o no. Deben olvidarse de los afectos y verlos como personas ajenas a ustedes, no como el "amigo", o la "prima de, o el "vecino de toda la vida". Para que no se les olvide nadie les diré cómo tienen que hacerlo: no hagan una lista de hombres, empiecen con su primer recuerdo y continúen año a año cronológicamente.
¡Vamos! ¿Quién empieza?"
"Bueno -carraspeó Miguel- puedo hacerlo yo".
"Adelante, pués" -dice el detective.
"Mis padres y yo vinimos aquí hace 17 años, yo tenía 7..."
"...¡No! -dice el detective- dije desde que tenía uso de razón".
"¡Perdone -se excusó Miguel- inconcientemente descarté a la gente que está lejos; bueno, yo recuerdo solo chicos, mis tíos y mis primos, dos varones; los vecinos del fondo, otros dos varones con los que jugábamos a la siesta, en total, cinco chicos.
De los padres de los vecinitos solo tengo imágenes vagas, más que nada recuerso sus voces a través del cerco llamándolos para tomar la leche. Éramos... somos más o menos de la misma edad, los veo siempre cuando voy a la provincia, todos casados y con hijos, buena gente, jamás un problema con ellos, nunca.
Y llego de vuelta al día en que nos vinimos para la capital.
Mi padre es carpintero y allá nos moríamos de hambre, entonces un hermano de mi madre le consiguió un trabajo de oficial en una fábrica, así que nos largamos y vivimos en su casa por un tiempo. 
Después alquilamos una casa y nos mudamos.
Con los primos de acá sí tuve líos, ellos tenían mucha ropa y juguetes y me hacían rabiar, sobre todo mi prima, que era adolescente y se daba aires de princesa ¡una tilinga, bah!, los veo menos a ellos que a los del interior, pero si alguien tenía que sentir odio en este caso era yo, no ellos".
"Se asombraría de los odios que hemos visto -dice el detective- siga".

miércoles, 3 de agosto de 2016

"EL DIBUJO" (4º parte) de Adriana Gutiérrez






El detective quedó muy satisfecho y le dio las gracias a
Adrián, diciéndole que si no estudiaba psicología debía hacerlo.
Luego se dirigió a Clara:
"Usted debió traernos los anónimos a nosotros, en lugar de mandarlo a comprar cigarrilos hubiera salido usted, o aprovechar cuando él salió y no quedarse encerrada; ahora de nada valdrá vigilarlo, le voy a explicar una posible teoría:
"demos por sentado que su marido planea asesinarla, supuestamente, claro, y una persona a quien llamaremos X descubre ésto, desea prevenirla pero no está seguro y por nada del mundo quiere verse involucrado ¿y si luego resulta que
estaba equivocado?, pero algo tiene que hacer y decide alertarla por medio de los anónimos ¿tiene usted teléfono?"
"Sí" -contesta Clara.
"Entonces puede ser alguien conocido y permanecer en el anonimato le evitará atestiguar en el caso de que algo ocurra; ahora bien, esta teoría es posible pero también es muy improbable.
Le diré otra wue se ajusta más a la mentalidad de los autores de anónimos: si bien las motivaciones para mandar esta clase de avisos pueden ser muchas, solo pertenecen a dos grupos: o son buenas o son malas; le acabo de dar una buena motivación, incluso si el autor es su marido..."
"¿Cómo?" -preguntan los tres, Adrián, en cambio, asiente.
"Claro -sigue el detective- él puede estar enfermo y creer, por alguna oscura razón, que no tiene más remedio que matarla, pero también la ama y desea salvarla ¿comprende?, bien: puede ocurrir, en cambio, que la motivación sea mala, pero, de todas las posibles ¿cuán será la verdadera?
Primero le avisó que su marido no la quiere, ésto más bien parece la revancha de una chiquilina despechada, con la cabeza llena de pajaritos y con una fuerte tendencia a magnificarlo todo, en especial las miradas y los gestos de los hombres ¿tengo que seguir?" -pregunta el detective.
"No, ya entendimos" -le contestan.